Por: Emiliano García.

Conservadurismo del Bien Común en Hispanoamérica

Quizás, el desafío más urgente hoy en Hispanoamérica, sea la formación de élites comprometidas genuinamente con el bien común

 

La editorial Homo Legens (España) ha publicado recientemente Cambio de Régimen. Hacia un futuro postliberal de Patrick Deneen. Una interesante crítica a la democracia liberal, que seguramente está dentro de las más destacadas de los últimos años.

 

De los múltiples ángulos desde los que se puede abordar la obra, resulta más interesante, ante todo, la propuesta de un conservadurismo que, lejos de plantearse anquilosado, vetusto y hasta rancio –como muchas veces se ha caricaturizado—, es una respuesta que toma lo mejor de la tradición filosófica occidental e intenta dar una perspectiva que trasciende el régimen democrático-liberal predominante.

 

La tesis del libro es que toda sociedad humana está necesariamente compuesta por “los pocos” (los aristoi) y los “muchos” (los populi), dos clases con diferentes fortalezas y debilidades. Desde la filosofía clásica, la solución es la creación de un régimen mixto, la Constitución mixta, en el que cada clase beneficia a la otra y se le impide explotar al otro. Modelo al que Deneen denomina “aristopopulismo”, aludiendo al concepto de aristoi, que significa virtud. Por otro lado, continúa Deneen, el proyecto político del “liberalismo” (esto incluye el liberalismo clásico, el progresismo y el marxismo) enfrenta a muchos contra unos pocos en aras del “progreso transformador”. El remedio que propone Deneen a esto lo llama “conservadurismo del bien común”, que describe como un “redescubrimiento y actualización de la antigua tradición de la constitución mixta”. Con este fin, Deneen pide “una nueva élite… dedicada a la promoción y construcción de una sociedad que ayude a los conciudadanos comunes y corrientes a lograr una vida próspera”.

 

Hispanoamérica siempre ha sido terreno fértil para las ideas de izquierda. Cuba y Venezuela se han convertido en el monstruo de dos cabezas cuya influencia ha ejercido un impacto poderoso en el resto del continente. Ambos regímenes promueven el modelo político y económico que ha resonado en toda la región, inspirando movimientos y partidos de izquierda, generando tensiones geopolíticas que han marcado la dinámica política de muchos países de la región. Con todo, en muchos lugares –recientemente en Argentina con Milei— las perspectivas para una alternativa dan cuenta de que se puede mejorar. Movimientos como La Libertad Avanza, que reúne parte importante de la derecha conservadora; el trabajo que desde hace años desarrolla Centro Democrático en Colombia, del mismo modo el Partido Republicano en Chile, que se ha posicionado como un partido con altas votaciones, abren esperanzas para ideas políticas que antes estaban marginadas.

 

Pero ¿qué hay detrás de estos movimientos y corrientes que una vez fueron relegados al margen del debate político para que ahora estén ganando visibilidad y apoyo? Siguiendo a Deneen, podemos aventurar algunas razones al respecto: una insatisfacción generalizada con las élites políticas tradicionales y a la búsqueda de alternativas más representativas y genuinas por parte de la población. Frente a una izquierda anquilosada en el poder, que jamás cumplió, ni podría cumplir, su promesa del cielo en la tierra y que ataca implacablemente las necesidades, valores, creencias, culturas y costumbres de parte importante del pueblo hispanoamericano, la población ha tomado conciencia para actuar en defensa de su identidad, sus tradiciones y su futuro.

 

En ese sentido, el “conservadurismo del bien común” de Deneen, emerge como una alternativa política sólida, porque no parte de las entelequias ideológicas o ilusiones utópicas, propias de la izquierda en Iberoamérica, sino del sentido común arraigado en la realidad de las personas, las comunidades y las experiencias históricas de los pueblos. En Chile, una de las principales preocupaciones de las personas es la seguridad pública. El bien común requiere de condiciones elementales, como la paz social. Y no hay paz social cuando la seguridad de las personas frente al crimen es una de las principales preocupaciones. Lamentablemente, desde hace un tiempo, Iberoamérica vive un fuerte crecimiento del crimen organizado, exacerbada por la influencia del llamado «Tren de Aragua», una verdadera transnacional del crimen coordinada desde Venezuela, que actúa como catalizador de la violencia y la inseguridad en toda la región.

 

Es innegable que cierto nivel de delincuencia –común— puede considerarse inevitable. Sin embargo, el fenómeno del crimen organizado es diferente, ya que requiere en alguna medida de la tolerancia de las autoridades para asentarse y prosperar. He ahí una urgencia fundamental de la que las élites gobernantes deben hacerse cargo. Con todo, no sólo no hay interés por ello, sino incluso cierto desdén que relativiza la urgencia por abordar de manera efectiva éste problema.

 

Quizás, el desafío más urgente hoy en Hispanoamérica, sea la formación de élites comprometidas genuinamente con el bien común:  que dirijan y trabajen activamente para promover el bien de todos y cada uno, en contraste con las élites dirigentes actuales que se ha caracterizado por mirar con distancia al pueblo, sumergidos en preocupaciones más propias de campus universitario gringo.

 

Si bien la propuesta de Deneen genera reparos en lo que respecta a su valoración de la libertad económica –a la que no otorga mayor importancia—, su planteamiento constituye una revaloración de una filosofía que ha permanecido demasiado tiempo olvidada. Por lo que representa una oportunidad para los movimientos de derechas que emergen poco a poco en medio del predominio progresista y marxista en el que ha estado inmersa Hispanoamérica durante tanto tiempo, ofreciendo una renovación de las élites e ideas alternativas para los desafíos culturales de la región.

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